Davideloy's Blog

February 12, 2010

Discurso de mejor egresado fin de curso

Filed under: Uncategorized — davideloy @ 8:31 pm
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Hoy, después de  seis años, decimos adiós, pero es un adiós que no significa un “hasta nunca”, sino que va lleno de un eterno “hasta luego” que refleja esperanza, ilusiones, deseos, sueños, anhelos y por qué no, también miedos.

Durante la vida habrá varios motivos que nos pondrán tristes y nos harán llorar, uno de ellos suele ser  una despedida; sin embargo, el hecho de culminar  hoy nuestra  educación primaria no es motivo para la melancolía ni el dolor: es causa justa de felicidad porque es el momento que da fin a todo el trabajo y el esfuerzo que desplegamos durante  seis años de preparación constante.

De la escuela  conservaremos en la memoria las horas de alegría que vivimos, porque no sólo disfrutamos de aprender, también conocimos a nuevos y grandes amigos,  compañeros de estudios y juegos, con los que formamos planes para el futuro: ¡adelante pues con la educación recibida, los amigos y los sueños!

En cuanto a la  cuestión del futuro, seguro que la palabra que mejor define lo que sentimos ahora es la de “Incertidumbre”: ¿Qué va a ser de nosotros a partir de ahora?

Del camino que vamos a emprender tenemos que sentirnos partícipes: observemos, escuchemos, aprendamos y seamos actores y no espectadores de vuestra vida, aferrémonos a ella y no dejemos que pase sin más.

Por lo tanto me gustaría que la palabra incertidumbre la cambiemos por esta más bonita: “Ilusión.” Ilusión ante una nueva etapa de vuestra vida que comienza y que en ella no vamos a caminar solos, tendremos el apoyo de nuestros padres y maestros para que sea igual de inolvidable que ésta.

Sé que nuestros maestros sienten una enorme satisfacción porque sus esperanzas eran ciertas: el sembrador ve como germinan las semillas que ha plantado. Alumnos que hoy dejamos esta escuela, llevamos en nuestras mentes los conocimientos básicos y necesarios para emprender nuevas etapas, el valor de la educación y la idea de lo que es ser un ciudadano ecuatoriano.

Esta noche, compañeros, amigos, confidentes, cómplices; esta noche culmina lo que hace seis años comenzó; esta noche quedarán sellados con un abrazo largo y unas cuantas lágrimas, tantos días de juegos, de cantos, de operaciones básicas, de exámenes, de pleitos ingenuos, de goles metidos, de triunfos y derrotas, de risas y llantos, de esfuerzos, de gritos y regaños, de sensaciones de nervios, alegrías y miedos. A partir de esta noche, saldremos al mundo, pero no indefensos, saldremos revestidos con una armadura de acero que son nuestros valores y unas magníficas armas pulidas con conocimientos, los mismos que adquirimos en esta Institución, en la cual nos han preparado para salir al campo de batalla.

Y por esto, hoy, a nombre de todos mis compañeros, me es importante mencionar un agradecimiento.

Principalmente a nuestros padres, porque de no haber sido por ellos, no hubiese sido posible que se nos impartiera esta educación.

A nuestros maestros, por haber sido nuestros guías e impulsores a través del tiempo, por las enseñanzas que han dejado en nuestras mentes y la formación de nuestras almas.

A nuestra directora, por siempre estar al pendiente de nuestro éxito académico, y a todo el personal del Centro Educativo María Montessori por colaborar en nuestro crecimiento individual, como seres humanos y estudiantes.

Gracias, porque por todos ustedes, algún día seremos hombres y mujeres de bien, llenos de éxito profesional y una gran plenitud en nuestro interior.

Gracias a todos, pero sobretodo a Dios, quien nos da la vida y hace posible todo.

Personalmente dedico el reconocimiento a mí otorgado a mis padres, que a pesar de todo lo que trajinaron con mis hermanos, jamás descuidaron mi educación, y con valentía, tesón, dedicación y amor, me respaldaron y confiaron siempre en mis capacidades, no solo como estudiante, sino como ser humano capaz de afrontar la vida con principios y valores que se acrecentaron y fortalecieron aquí en mi querida institución.

Hasta siempre, amigos, hasta siempre en nuestro corazón. Levantémonos hoy en señal de triunfo, en señal de nuevos anhelos y metas cumplidas. Levantémonos hoy para darnos el aplauso merecido y rendirle homenaje a quienes, junto con nosotros, han hecho posible todo esto.

Adiós, hasta luego; sigamos en el camino, porque la vida no termina aquí; la vida apenas comienza si ponemos el corazón en ella.

Gracias  Dios por permitirme ser montessoriano.

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